
Devocional
Salto de fe
Mateo 11:4-6 — RVR1960Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.
Cuando no entiendes lo que Dios hace, todavía puedes confiar en quién Él es.
Tal vez has orado y la respuesta no ha llegado como esperabas.
Sabes que Dios es bueno, pero lo que estás viviendo parece contradecir lo que creías. No has dejado de amar al Señor; simplemente no entiendes lo que está haciendo.
Juan el Bautista también atravesó un momento así.
Él había anunciado la llegada de Jesús, lo había reconocido como el Mesías y había dado testimonio de Él. Pero ahora estaba en una cárcel injusta y mandó preguntar:
“¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?”.
Juan conocía la verdad, pero su dolor había llenado su corazón de preguntas.
Jesús no lo rechazó ni lo avergonzó. Le señaló lo que Dios ya estaba haciendo: los ciegos veían, los cojos caminaban y el evangelio era anunciado.
Juan no podía ver toda la obra de Dios desde su prisión. Su perspectiva era limitada, pero la fidelidad de Jesús no lo era.
Quizá eso también te sucede hoy. Estás mirando tu historia desde un lugar de dolor, espera o incertidumbre. No puedes ver el panorama completo y te preguntas si Dios todavía está obrando.
Tus preguntas no asustan a Jesús. Puedes llevarlas delante de Él.
La fe no consiste en negar lo que duele ni en fingir que comprendes todo. La fe consiste en seguir confiando en el carácter de Dios cuando todavía no entiendes sus caminos.
Jeremías también conoció la tristeza. En medio de ella decidió recordar una verdad:
Lamentaciones 3:21-23 — RVR1960Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.
Jeremías no negó su dolor. Decidió que su dolor no sería lo único que ocuparía su memoria.
Tú también puedes recordar.
Recuerda una oración que Dios respondió. Una puerta que abrió. Una ocasión en la que te sostuvo cuando pensabas que no podrías continuar.
La circunstancia que hoy no entiendes no ha cambiado quién es Dios.
El salto de fe ocurre cuando dejas de exigir que todo tenga sentido para poder confiar y descansas en el carácter de Dios.
No necesitas conocer hoy el final de tu historia. Puedes dar el siguiente paso tomado de la mano de Jesús.
Aunque tu fe tiemble, Él permanece fiel.
Para reflexionar
¿Qué situación te está haciendo dudar de la bondad de Dios? Lleva sinceramente tus preguntas a Jesús y recuerda una ocasión en la que Él haya demostrado su fidelidad.
Oremos
Señor Jesús, hay cosas que no entiendo y respuestas que todavía estoy esperando. No quiero esconder mis preguntas ni alejarme de ti por causa de ellas. Hoy las pongo delante de tu presencia. Recuérdame tu fidelidad. Ayúdame a confiar en tu corazón cuando no comprenda tus caminos y a caminar contigo aun cuando no pueda ver el final. Aunque mi fe tiemble, sé que tú permaneces fiel. Amén.